Amapola fué mi primer contacto del messenger, mi primera ciberamiga.

Nunca olvidaré el día que nos conocimos en persona. Es una sensación extraña: vas a conocer a alguien a quien ya conoces. Desde entonces nos hemos visto varias veces, menos de las que quisiéramos; y entre encuentro y encuentro, el ordenador ayuda a acortar distancias, a acercar nuestras vidas y a afianzar nuestra amistad.

Amapola nunca se enrolla, siempre va al grano. No sé si ella es consciente de hasta que punto es ingeniosa. Es una mujer tranquila y paciente, tremendamente cariñosa y alegre. A veces desconfiada pero nunca suspicaz. Ella jamás contará a nadie algo que le pidas que no cuente y estoy segura de que da más de lo que recibe, porque le cuesta más pedir consejo, ayuda o favores que darlos.

Yo no soy madre, pero soy hija; y sé que en ocasiones los hijos ponemos a los padres al límite, ese límite en el que ellos se preguntan "¿pero, que hemos hecho mal?"... A veces los hijos tardamos un poco de tiempo en darnos cuenta de lo que nuestros padres han hecho por nosotros en la vida. Y a veces los padres creen que podrían haber hecho más y no es cierto. Amapola es una gran madre, una MADRE así, con mayúsculas, sin duda alguna.

Sólo le hace falta quererse a ella misma, de esa manera tan grandiosa en que ella sabe querer a los demás y convencerse de que esas cosas que para ella son insignificantes, a otros nos hacen admirarla, respetarla y quererla aún más.

Amapola...en el juego de la vida, muy poquitos llegarán a tener tu puntuación. Te quiero.