La píldora tuvo su origen en un descubrimiento que se hizo inesperadamente en las selvas tropicales de Méjico en los años 30. Allí el profesor de química Russel Marker, que se encontraba de vacaciones, estaba experiementando con un grupo de esteroides vegetales conocidos como sapogeninas, que en el agua producen una espuma parecida a la del jabón, cuando descubrió un proceso químico que transformaba la sapogenina en progesterona, es decir, en la hormona sexual femenina. El ñame silvestre mejicano, conocido como "cabeza de negro" demostró ser una rica fuente de este precursor de la hormona, aunque ninguno de los actuales contraconceptivos orales contiene hoy el derivado original del ñame.